Es ilegal, es demoledora, cruel, sanguinaria, anti-humana y tremendamente reprochable. Pero nadie puede negar el atractivo – desde múltiples vertientes – que la Mafia tiene y ha tenido durante muchísimos años. Quizá porque hemos crecido con “Érase una vez America”, “El Padrino” y la reciente Broadwalk Empire (con las que este título guarda muchas similitudes) o la siempre excelsa Los Soprano. Quizá porque desde el minuto uno no nos hemos acercado a la Mafia a través de Roberto Saviano (amenazado de muerte en Italia y autor del demoledor Gomorra, que basó a la película del mismo nombre). A ese magnetismo intentan apelar los creadores de los siempre divertidísimos Tropico y traernos un planteamiento de estrategia algo diluido en este Omerta – City of Gangsters. Como siempre, el envoltorio de FX Interactive hace muchísimo por el producto.
La Mafia Elegante
Quizá porque la Mafia no tiene nada de elegante, quizá porque por mucho que nos hayan vendido a Al Capone como personaje mítico, fue una persona deleznable, quizá porque a día de hoy vale más la pena una mirada a ese bellísimo Mafia (el juego y su inmensa segunda parte – aunque sabemos que muchos no estaréis de acuerdo –), que a las verdaderas entrañas de una manera de entender la vida y la humanidad, como bien denunciaba Roberto Saviano en Gomorra.
Dicho y hecho, nos vamos a los años 20, en plena Ley Seca, para dejarnos embaucar por Kalypso Media, que en su día ya nos deleitaron con obras tan destacables como Tropico o Imperivm. La premisa inicial parece o parecía atractiva: un entorno que dominar a través de la creación de tugurios y negocios ilegales que nos vayan convirtiendo, poco a poco, en el dueño mafioso del cotarro. Por otra parte, un combate por turnos que parece beber de la dinámica más ágil del reciente y recomendable XCOM: Enemy Unknown.
Por otra parte, mientras el juego fuera de España sale a los típicos precios de novedad entre los 40 y 55€, en España nos llega a 19,99€, con un doblaje excelente, con un manual a todo color, con el regalo de Imperivm Anthology por la cara y con el cuidadísimo sello de FX Interactive. Vamos, que con ese envoltorio aunque no te guste el juego va a doler muchísimo menos que si te gastas el doble o incluso más de dinero.
En principio, Omerta: City of Gangsters es un título de estrategia en tiempo real, con diferentes misiones llevadas a cabo por El Jefe (el personaje que elegimos al iniciar la partida) y una serie de secuaces que iremos contratando. Cada personaje tiene sus propias habilidades, según el manejo con armas, su inteligencia, su destreza de ladrón, su fuerza en el cuerpo a cuerpo y una serie de parámetros establecidos por los atributos. La creación de nuestro personaje principal se lleva a cabo a través de responder una serie de preguntas sobre nuestro pasado, nuestros primeros golpes y algunas decisiones de calado.
La trama va sufriendo numerosas cortapisas, impidiendo que el jugador pueda disfrutar de un escalonado crecimiento en el tejido mafioso de la ciudad de Atlantic City. El tutorial inicial se lleva a cabo en una pequeña zona de la ciudad, para seguidamente saltar a una más grande y así sucesivamente. El mayor problema es que estos saltos, además de impedirnos volver atrás – para seguir gestionando zonas que habíamos trabajado con esmero –, dan una sensación de desubicación considerable, máxime cuando el resto de numerosos secuaces se nos van presentando sin ton ni son. Hay algunos carismáticos y otros más bien típicos, pero se le nota la falta de digestión, pues hay buenas ideas que se pierden irremediablemente por el sumidero al no crear un mayor tejido dramático que acompañe a la jugabilidad.
Jugabilidad: Gestión
Cuando llegamos a una zona por primera vez, la premisa inicial es hacerse con una casa que sea nuestro centro de operaciones. Desde ahí mandaremos a El Jefe y a nuestros secuaces – previo pago diario de un alquiler por sus servicios – a realizar diferentes misiones. Cada entorno, cerrado y que se irá ampliando tras llevar a cabo misiones importantes, posee una serie de tugurios o locales prefijados que tendremos que alquilar para desarrollar ahí nuestras operaciones: fábricas de cervezas, bares clandestinos, licorerías, comedores sociales (para reducir la presión policial y ganarnos el respeto de los políticos), pizzerías para lavar dinero, fabricación de armas y un largo etcétera.
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A medida que consigamos dichos objetivos iremos ganando materias primas como cerveza, licores o armas de fuego, las cuales nos servirán para pagar deudas, servicios o incluso hacer favores a políticos o policía. Si durante un breve periodo de tiempo abrimos muchos lugares, matamos a demasiados enemigos y realizamos demasiadas actividades clandestinas, la presión policial aumentará – reflejada en unas pequeñas estrellas en la parte inferior de la pantalla – y si llega a su máximo entrará en vigor una investigación sobre nuestras actividades. Eliminar la investigación será tarea de algún policía sobornado al que le hiciéramos un favor, algún político al que le organizamos una campaña de votos o simplemente sobornando a los detectives.
El problema es que está todo tan encarrilado, tan masticado, que más que un juego de estrategia nos encontramos ante un juego de gestión. No podemos elegir los sitios que ocupar, siempre hay un número limitado de locales o tugurios y las acciones a realizar nunca encuentran alguna dificultad o verticalidad. Siempre es expandirse en horizontal hasta completar la misión principal – generalmente una de combate – que nos lleve a una zona más grande y vuelta a empezar. De esta manera no se genera ningún tipo de encariñamiento con la zona que estamos gestionando… Total, ¿para qué? Se pierden parte de los ahorros y todos nuestros locales.
Omerta – City of Gangsters apuesta más por no cometer errores que por hacerlo bien. Es decir, si seguimos el tutorial y no aumentamos demasiado la presión policial, además de conseguir cantidades ingentes de dinero o materias primas para mejorar nuestros locales y tugurios, iremos pasando de pantalla no sin cierto aburrimiento. Es una pena porque la idea, la premisa, es fantástica y con muchísimo potencial, casi tanto como lo era ser un dictador en Tropico. Gestionar nuestra imagen también es importante, si atracamos demasiado un mismo local luego no pretendamos pedirle un favor de compra, lo mismo con un político si hemos hecho demasiadas ilegalidades por la zona.
Otro problema tiene que ver con el hecho de que el número de esbirros o delincuentes contratados esté limitado. Los enviaremos a cumplir las órdenes, pero sus habilidades o atributos poco efecto tienen en ellas, que se resolverán casi por arte de magia. Además, mientras se resuelven no podremos utilizarlos y en más de una ocasión simplemente tendremos que esperar a que todos terminen. Un problema menor que podría haberse resuelto con algún tipo de indicación o parámetro más elaborado. |